ESTOICISMO

El camino de la virtud

Puede parecer que en la vida actual centrada en la tecnología y la información, la filosofía sea algo del pasado. Otros considerarla aburrida. La filosofía no se trata de leer libros. La filosofía desarrolla el pensamiento crítico, con una visión ética que sienta las bases para tener una mejor vida.

El estoicismo fue fundado en Atenas por Zenón de Citium a principios del siglo III AC., pero fue practicada por Epictetus, Cato, Seneca y Marco Aurelio. Más que una filosofía, el estoicismo en un modo de vida.

La influencia del estoicismo a lo largo de la historia ha sido inmensa. Marco Aurelio, George Washington, Thomas Jefferson, Adam Smith, John Stuart Mill, Theodore Roosevelt, —sólo por nombrar algunos— fueron influenciados por la filosofía estoica.

Los estoicos proclamaban que el camino a una vida plena debía centrarse en el desarrollo de las virtudes, buscando la excelencia personal.

Para los estoicos, las virtudes no son sólo valores. Las virtudes se demuestran a través de lo que hacemos: no importa lo que uno dice, sino lo que uno realmente hace. Es por ello que cada ocasión en nuestra vida cotidiana es una oportunidad para ponerlas en práctica.

 

Las cuatro virtudes del estoicismo son la sabiduría, la justicia, el coraje y la templanza.

La sabiduría suele asociarse al conocimiento aplicado: saber distinguir qué es importante y qué no, y ser consciente de lo que se puede cambiar y aceptar lo que no podemos. La justicia es dar a cada cual lo que se merece. El coraje es la capacidad de actuar a pesar de que las circunstancias estén en tu contra. La templanza es el equilibrio.

En la raíz misma del pensamiento, hay una forma de vida muy simple, aunque no fácil: toma los obstáculos en tu vida y conviértelos en tu ventaja, controla lo que puedes y acepta lo que no puedes.

 

El estoicismo como filosofía de gestión financiera

El estoicismo nos ofrece un marco conceptual que nos ayuda a alcanzar la fortaleza mental necesaria para la toma de decisiones de inversión

Controlar lo controlable

Los estoicos pretenden centralizar la energía en todo aquello que depende de uno. Cuando se trata de invertir, uno no puede controlar el mercado, pero sí puede controlar cómo reacciona ante la volatilidad.

Un plan de inversión resulta clave antes de invertir en cualquier posición. Sin embargo, podemos diseñar la mejor de las estrategias pero un plan sin una buena ejecución es solamente una expresión de deseo. El estoicismo puede ofrecernos un marco para controlar nuestras emociones, permitiéndonos dar un paso atrás y trabajar hacia una solución más racional.

Templanza y autodisciplina

¿Cuándo las cosas se pongan difíciles, tendrás la disciplina para seguir el plan?

La disciplina es la consecuencia de nuestros hábitos, que son los responsables de crear sistemas. Es imposible tener disciplina a largo plazo a base de fuerza de voluntad. Se necesita tener un estado de aprendizaje continuo para crear los hábitos necesarios para destacarse en esta actividad.

Es fácil ser disciplinado cuando todo funciona como queremos. De la misma manera que los jugadores con “clase” aparecen en los partidos definitorios, la verdadera disciplina aparece en los momentos críticos, cuando te cuestionas tu proceso de inversión, cuando otros cuestionan tus creencias más profundas; en definitiva, cuando los otros comienzan a dudar de uno.

Acá es cuando uno debe controlar las dudas. Mantenerse firme, sabiendo que esto también pasará, es lo que debemos hacer.

Utilizar la visualización negativa para ayudarle a comprender su tolerancia al riesgo y motivarlo a tomar medidas para mitigar los riesgos

Una de las enseñanzas centrales del estoicismo es algo llamado visualización negativa. Podemos tomar prestada esta práctica como inversores para abstraernos de la volatilidad del mercado. Prepararse frente a lo peor nos permitirá navegar ese escenario con mayor tranquilidad que la mayoría. Seguramente no sufriremos esa parálisis que suelen tener los inversores cuando se enfrentan a situaciones extraordinarias, o mejor aún, no sobrerreaccionaremos tanto en las grandes caídas como en los períodos de subas exponenciales.

Cuanta más claridad tengamos en la vida, más claridad encontraremos en los mercados.